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Humala, o por qué ya no hablo de política

7 mayo 2011

Keiko Fujimori, señores, se apellida Fujimori. Yo no quiero que a mi país lo gobierne otra vez ese apellido, que tanto daño le ha hecho. Que vació a sus mujeres y enriqueció a los generales. Que nos asustó a todos, encarceló a muchos y metió vara a otros tantos. Que se hizo inventar guerras para ganarse adhesiones y traficar armas. Que bailó simiesco con Ana Kholer y chaparrito con Rossy War. Que rompió manos, rodillas y cabezas. Que institucionalizó la mentira y la cutra. Que se culeó a una tal Haydée y se punteó a Rosa Elvira en la cleta. Puedo aceptar -en aras de mantener una conversación- que justifiquen los excesos de la guerra contra Sendero. Transigir y decir qué chucha, ya fue y hacerme por un rato el cojudo con La Cantuta. Pero, ¿las torres de dólares? ¿la prensa puta? ¿el amiguismo con Chávez? ¿la judicatura comprada? ¿Ayacucho? ¿las redes de espionaje, que incluían a la nunca más eficaz Iglesia católica? ¿el embrutecimiento como doctrina social? ¿La mecedora como argumento?

La discusión se cerró con un sonoro e infantil “no, simplemente porque me llega al pincho”. Un poco fuerte, sí, si tomamos en cuenta además que a la mesa también estaban mi novia y mi hermana mayor, y mi sobrina de año y medio daba vueltas por ahí. También estaba mi hermano, pero con él también me pechaba. Cuando terminé de decir pincho se hizo un silencio muy breve, roto al vuelo por un cachaciento “uuu, así no es” de mi viejo, mi principal instigador. Me paré. Estaba clarísimo que había perdido (los papeles). Ya bastante era intentar explicarles por qué había decidido votar por Humala, sin tener una raya de simpatía por él, como para soportar que me digan humalista, chavista y Fidel Castro castró a Cuba y el Che Guevara fue un matón, y Lenin y Groucho Marx y hasta a Federico Engels se mentó por ahí. Me irritó la desfachatez de mi viejo, muy seguro de sí, cuando al mirame, más papal que paternal, aseguró que en esta elección se debía votar por el modelo económico. Así de simple. Me alucinó, primero, su pragmatismo.

Me alucinó, digo, no porque piense que es un razonamiento infeliz o falaz buscar proteger el modelo económico. Que no lo es (necesariamente). Si no porque así no pensaba mi viejo. Mi viejo votó en el 95 por la reelección de Fujimori. Pero al año siguiente ya era un férreo opositor a éste. Inspirado por esa furia evangelizadora de los conversos, o los ex adictos, se enfrentó por años a públicos desconocidos y hostiles para advertirles los peligros palpables de la dictadura asesina, ganándose muchas veces insultos y desplantes. Su rechazo manifiesto a Fujimori y Montesinos, además de acercarnos, lo llevó incluso a clímax de paranoia, a sentirse espiado, amenazado de muerte por la pandilla que también robaba uniformada. Hoy le preocupa el modelo. Discrepo todo de esta nueva postura de mi viejo, pero lo quiero mucho. Ya estuvo, dije cuando regresé de fumar, no vuelvo a hablar de política. Mi gente asintió aliviada.

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  1. Antonio Vàzquez Enlace permanente
    7 mayo 2011 6:59 pm

    Ciertamente que es una barbaridad votar simplemente por el modelo económico. En este caso es más que eso, porque votar por la hija del que está con justicia cumpliendo una condena de 25 años, es traicionar a la memoria y a todo lo que nos enseñaron desde pequeños que era bueno. Con el voto naranja no estaríamos haciendo otra cosa que no sea reinvidicar el latrocinio, la burla a las instituciones democráticas. Le estaríamos dando un espaldarazo a la compra de conciencias, al asesinato, al abuso indiscriminado del poder. Estaríamos confirmando que para mal, el mundo y la vida dan vueltas sobre sí mismos para terminar siempre en el mismo sitio, y que no avanzamos, estancados en la podredumbre, en el mismo atolladerdo al que nos tienen acostumbrados un puñado de sinverguenzas.

    Si bien Humala no es el candidato de ensueño que muchos habríamos querido, este no tiene a sus espaldas la tonelada de pruebas que persiguen a los fujimoristas, que si nos tomanos el tiempo para reunirlas todas, como hizo el mercenario de Bayly el pasado domingo contra Ollanta, podríamos sin duda editar una trilogía más extensa que el Señor de los anillos.

    De seguro que de haber estado en esa discusión que describes, imagino que bebiendo con tu viejo y tu hermano un cerveza helada o un trago de pisco, de ese de Ica, hubiese sentido la misma impotencia y me atrevería a decir desazón que tú sentiste. Y es que votar por Keiko no sería diferente a prostituirse, porque simplemente lo estaríamos haciendo por dinero.

    Saludos a Alberto y a Carmen, abrazos para la pequeña Andrea.

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